lunes, 24 de junio de 2013

Puri Menaya

                                             Puri, es la chica de la sonrisa de chocolate.

La casa roja

La casa roja guardaba un secreto.
Todos los chicos del barrio lo sabíamos.
Pero ninguno se atrevía a cruzar el umbral para desvelarlo.
Nunca vimos a nadie entrar, ni salir.

A pesar de ello, no parecía abandonada: puertas y ventanas como nuevas, cortinas tras los cristales, geranios con flores rojas. Alguien rompió un cristal de una pedrada, y al día siguiente el cristal estaba cambiado.

Aposté ante todos que esa tarde entraría en la casa roja. El beso de Lucía sería mi recompensa: ella me creía un cobarde.

Los cobardes tienen suerte, pensé. Y abrí la puerta de la casa roja. Sin llamar.
Lo primero que vi fueron las baldosas, recién fregadas. Me limpié los zapatos en el felpudo que me decía Bienvenido.

La casa estaba vacía. No se oía ningún ruido. Si hubiera habido arañas, las habría oído tejer su tela en los rincones. Silencié mis pies sobre las baldosas. No quería despertar a los fantasmas.
La puerta se cerró tras de mí, sin sonido. Sentí la compañía de ausencias olvidadas.
Y aunque supe que no podría salir ni por puertas ni ventanas, no tuve miedo.

Solo añoraba el beso que Lucía me había prometido. Tanto pensar en ella, convoqué su presencia. Temblando, Lucía me dio el beso. Yo salí de la casa con el humo de la chimenea.
Lucía quedó encerrada allí para siempre.
Ella es quien friega cada día el suelo.
Quien limpia los cristales de las ventanas.
Quien riega los geranios.

Nadie ha vuelto a verla nunca más. 









                              Puri Menaya -     El rincón de la bruja de chocolate
       

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